Pallares

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Aunque en Bolivia no son muy conocidos, los pallares son de esas legumbres que en varios países alrededor nuestro son consumidos, disfrutados y aprovechados, en una variedad de preparaciones.

Su origen y domesticación se ha dado en dos lugares, generando así dos variedades, que se diferencian en su tamaño. La más grande es la más común. Conocida como Lima, se encuentra distribuida en el norte del Perú entre los 320 y 2030 msnm, mientras que la más pequeña, de tipo Sieva, se encuentra desde México hasta Argentina por debajo de los 1600 msnm.

La variedad Lima, ha sido un alimento muy importante en las culturas prehispánicas. Su nombre proviene del mochica paxller, a través del quechua pallar que significa “recorrer el suelo” o “cosechar”.

Cada pallar es blanco, grande y plano. Luego de su cocción se consigue una textura suave y untuosa, que se deshace en el paladar destacándolo por eso de sus parientes cercanos. Pero además de aportar textura y sabor, los pallares cuentan con numerosos beneficios. Son ricos en almidones, proteínas, fibras y minerales como cobre, manganeso, zinc, yodo, ácido fólico y vitaminas como; B1, B2, B3, B6. Tienen poca grasa y su consumo regular reduce el colesterol, regula la glucemia y su alto contenido de fibras favorece al intestino.

Los pallares evitan que se acumule el colesterol malo en las venas y arterias, ayudan en la asimilación del calcio, reduciendo el riesgo de padecer osteoporosis. Sus proteínas forman tejidos, ayudando a un buen crecimiento y protegen el sistema inmunológico.

Se pueden conseguir los pallares frescos o secos, según la receta lo requiera, ya sea en guisos, sopas, ensaladas o hasta en puré. Una gran legumbre de muchos y grandes beneficios.

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