Enología

Así como en el mercado existe una inmensa variedad de vinos, más allá del tinto y el blanco, también cada uno de ellos, cuenta con su respectiva copa con la cual su disfrute será sin dudas mejor.

Cualquier tinto o blanco encierra entre 400 y 500 sustancias volátiles y aromáticas que, sin la ayuda de una copa, se perderían en el aire y con ellos el carácter del vino. Y si decimos ayuda, es porque la copa funciona como una suerte de amplificador de aromas.

También es importante el material: no es lo mismo vidrio que cristal. Para distinguirlo, basta con tocarlo un poco: el cristal tiene un timbre más agudo y el vidrio suena más apagado. Su borde debe ser fino y ligero.

La parte importante es el cáliz (recipiente que contiene al vino). Si uno lo mira con detenimiento no se trata de un recipiente corriente: tiene una proporción más o menos estándar entre la altura y el ancho (1,5 por 1) y además ofrece una cintura más ancha que la boca; a esa circunferencia se le llama Ecuador y, de paso, marca el punto máximo hasta el que debe ser llenada la copa.

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